Corpus Christi 2018: Homilía del Arzobispo

El Arzobispo de Rosario, Mons. Eduardo Eliseo Martín, presidió la Solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de nuestro Señor Jesucristo, organizada por el Decanato Oeste de la Arquidiócesis y llevada a cabo en la Parroquia “San Antonio de Padua” de Barrio Belgrano de la Ciudad de Rosario.

Estuvo acompañado por Mons. Alfonso Delgado, arzobispo emérito de San Juan, Mons. Emilio Cardarelli, Vicario general, el Pbro. Gustavo Rodríguez, Pro Vicario General y Rector del Seminario, el Pbro. Tomás Castellarín, Párroco de la mencionada Parroquia, el Pbro. Osvaldo Macerola, Vicario episcopal de educación, sacerdotes, diáconos, consagrados y una numerosa cantidad de fieles que se reunieron para expresar públicamente su amor a Jesús eucarístico.

A continuación su Homilía: 

Queridos hermanos y hermanas:

                                                            Con el vivo y agradecido  recuerdo del extraordinario encuentro nacional de jóvenes celebrado el fin de semana pasado, aquí en Rosario, celebramos hoy la fiesta del Smo. Cuerpo y Sangre de Nuestro Señor Jesucristo, la tradicional fiesta del Corpus Christi, el Sacramento de la Nueva y eterna Alianza.

                                                               La primera lectura nos narra en el libro del Éxodo como Moisés sella como mediador la Alianza antigua, la misma es sellada con la sangre de animales sacrificados. El contenido de la Alianza es que el pueblo se compromete a poner en práctica y a obedecer todo lo que el Señor ha dicho, cuya síntesis son los diez mandamientos. Como señal de la misma el pueblo es rociado con esa sangre. Esta Alianza, es figura de la Nueva y eterna Alianza; concede una pureza externa pero no purifica la conciencia de las obras que llevan a la muerte.

La Nueva Alianza es también sellada con sangre, pero aquí es la Sangre purísima de Nuestro Señor Jesucristo derramada en la cruz, obteniéndonos así una redención eterna. Esta Sangre derramada tiene el poder de darnos el perdón de nuestros pecados por obra del Espíritu eterno. La Nueva Alianza está sellada entonces con la muerte de Cristo y su entrega generosa por amor, para el perdón de los pecados y dándonos la Vida eterna.

Para hacernos partícipes de esta Alianza a todos los hombres hasta el fin de los tiempos y en todo lugar, Jesús nos dejó el memorial de su entrega en cada Eucaristía para que bebiéramos de las fuentes de la salvación. En cada  Misa se actualiza el único y mismo sacrificio de Jesús en la cruz, de modo sacramental e incruento, y así  participamos de ese mismo y  único sacrificio redentor.

El Santo Padre Francisco les decía en su mensaje a los jóvenes,  citando al poeta Francisco Luis Bernárdez que lo que el árbol tiene de florido le viene por lo que tiene de soterrado. Es decir que las flores y frutos de un árbol (podemos agregar) vienen por la raíz.

Y la Eucaristía es la raíz de todo lo que viene después. El magisterio de la Iglesia la llama fuente y cumbre de la vida cristiana. Es el sacramento que hace la unidad de la iglesia, así como la raíz del árbol lo hace  un mismo y único árbol, del mismo modo la Eucaristía edifica la Iglesia, Cuerpo de Cristo, un solo y mismo Cuerpo.

Todo está en la raíz. Si la raíz está sana el árbol crece, es fuerte, da flores, hojas y frutos. Si la raíz se enferma o se debilita las flores se marchitan y los frutos se caen.

La Eucaristía es memorial, mantiene vivo al Pueblo de Dios y le hace vivir una clara identidad, ya que  no es como un mero recuerdo de algo que pasó sino que hace presente aquí y ahora el acontecimiento salvador de Cristo.

Y como raíz o fuente, si es vivida auténticamente, si nos nutrimos de ella con las debidas disposiciones, tiene capacidad de dar vida y vida en abundancia, hasta la eternidad, dando vida eterna. Y vida que se manifiesta en frutos de justicia y amor en esta existencia terrena.

Hoy, en nuestra patria peligran los frutos más preciosos como son el respeto por la vida  humana, especialmente la más frágil y débil, y se ahonda la falta de equidad.

Pareciera que un velo impide a muchos ver el valor sagrado de un niño por nacer y creen que eliminándolo solucionan un problema, como si el otro no fuera un regalo, un don, sino una complicación. Con el proyecto de ley que se está por tratar en las Cámaras se favorece una sociedad menos inclusiva y que cada vez va a descartar a más personas. Pereciera que predomina una visión utilitarista y eficientista de la persona humana, haciéndola valer  por lo que produce o consume y no por su dignidad de ser persona humana, única e irrepetible. Como si unos tuvieran derecho a vivir y otros no. Para nosotros toda vida vale, valen las dos  vidas, la de la madre y la del hijo.

Pareciera que un individualismo egoísta, el corazón cómodo y avaro, se cerniera sobre nuestra sociedad y continúe así acentuándose la pobreza y la justica y la equidad sigan siendo largamente esperadas.

Queridos hermanos: el árbol se sana por la raíz, ya que es por ésta que produce las flores y los frutos buenos. Las obras de justicia y caridad son el signo de que nuestra vida está alimentada por la Eucaristía. Un verdadero adorador de la Eucaristía se manifiesta siempre y solamente por los frutos. Siempre la autenticidad de una devoción se reconoce por las obras.

Para nosotros la raíz está en Cristo que se ha quedado con nosotros en la Eucaristía hasta el fin de los tiempos.

Nutridos por ella somos fortalecidos para dar testimonio y respuesta a quien nos pidiera razón de nuestra esperanza, con delicadeza y respeto (cfr. 1Pe 3,15-16). Con firmeza en la sustancia, con suavidad en el modo.

Nutridos por la Eucaristía, damos frutos  de misión, nos embarga el celo misionero para que otros vuelvan su mirada hacia Cristo y recomiencen su  vidas desde Él.

Se va  generando así poco a poco una cultura cristiana que es la plenamente humana, a la altura de la dignidad del ser humano. Cultura que se expresa en una red de vínculos sanos desde la amistad, pasando por la familia y llegando a marcar el corazón de un pueblo. Necesitamos de la Eucaristía para generar la unidad entre los argentinos  y cerrar las brechas que nos separan; sin unidad un pueblo no tiene destino.

Pidamos a la Sma. Virgen, la mujer Eucarística, la creatura  Eucarística por excelencia, y siguiendo a san Juan Pablo II:

.- Que así como ella creyó en el anuncio del ángel y le dijo a Dios que sí, nos conceda cada día una fe más creciente en el misterio eucarístico, que es Misterio de fe ,y le respondamos como ella con un auténtico Amén.

.- Que así como ella se ofreció con su Hijo al pie de la cruz, que cada día le ofrezcamos nuestra vida en sacrificio agradable a Dios en unión con Cristo Jesús.

.-Que así como ella dio frutos de comunión, y de amor misericordiosos al visitar a su prima Isabel que también estaba en gran necesidad, nos haga a nosotros hombres y mujeres eucarísticos por los frutos de amor y cuidado de la vida frágil de nuestros hermanos.

Que en todo podamos manifestar que la Eucaristía es la fuente y la cumbre de toda nuestra vida.

Amén

 

Dejá un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

4 × 4 =