Corpus Christi 2019: Homilía del Arzobispo

Queridos hermanos todos:

                                            1.- Para quien ama no hay mayor dicha que estar con el amado, no hay mayor alegría que la presencia de quien se ama. Hoy celebramos la fiesta del Corpus Christi, la fiesta de la presencia real entre nosotros y en nosotros de Cristo Eucaristía. El nos prometió que estaría con nosotros todos los días hasta el fin del mundo. Esta promesa se cumple del modo más significativo, del modo más real en su presencia eucarística. Por eso estamos alegres, porque él está en medio de nosotros, como reza la expresión del profeta Sofonías: “¡Grita de alegría Hija de Sión!…¡Alégrate y regocíjate de todo corazón, hija de Jerusalén!…El Rey de Israel, el Señor está en medio de ti: no temerás ningún mal” (cf. Sof  3,14ss).

La presencia de Cristo entre nosotros  nos llena de alegría y de fortaleza para poder afrontar las vicisitudes  de la existencia sin temor alguno. Si tú estás Señor nada tengo que temer. Si tú no estás señor todo se vuelve triste, todo se vuelve una amenaza. Contigo podemos afrontar las circunstancias del camino, pasar el desierto alimentándonos contigo, Pan de vida eterna.

Hoy celebramos esta certeza de que estás entre nosotros y que te quedas en la Eucaristía, que estás allí. Y te alabamos y te bendecimos y nos llenamos de gozo.

                                    2.- En un rato saldremos con el Smo. Por las calles de nuestra ciudad, para decirles a nuestro hermanos de tu amor por todos ellos. Que  Tú estás, que te has quedado para todos, pero especialmente para los que sufren. Que toques Señor cada situación de dolor, cada situación de enfermedad, cada situación de  fragilidad, de pobreza, de soledad, de incertidumbre. Tú estás entre nosotros para salvarnos, para darnos vida eterna y fortalecernos en el camino. Tú eres el pan partido para la vida del mundo.

Al pasar por nuestras calles deseamos desde lo más profundo de nuestro corazón que sea como es golpear la puerta de cada casa, de cada familia y quisieras entrar en cada una de ellas para cenar como nos decís en el libro del apocalipsis y llevar tu perdón, tu fortaleza, tu paz, tu alegría a tantas situaciones que lo necesitan vitalmente. Tú quieres que todos se salven, tú hiciste sentar a todos y les diste de comer a todos como nos narra el Evangelio que proclamamos, no quieres que ninguno se pierda. Por eso hoy nos llamas también a colaborar.

3.- En el relato del Evangelio de Lucas  los discípulos colaboraron con cinco panes y dos pescados. La Eucaristía nos llama a ser con Jesús, pan partido para la vida del mundo. Él es el que hace la obra, pero no la hace sin nosotros Hemos poner lo poco que tenemos, lo poco que somos, para que el Señor lo multiplique y ofrecernos así para el  bien de nuestros hermanos necesitados.

4.- En estos días me vino varias veces a la mente que nuestro sacerdocio ministerial está esencialmente vinculado a la celebración de la Eucaristía. La primer lectura nos presenta a este misterioso sacerdote Melquisedec que nos anticipa el misterio eucarístico con su ofrecimiento del pan y del vino. La segunda lectura por medio del Apóstol Pablo nos recuerda las frases de la Consagración y  donde Jesús manda a los Apóstoles a repetir su gesto mirando al futuro, a realizarlo en su memoria: “hagan esto en memoria mía”; allí los instituye sacerdotes para que Él siga presente hasta el fin del mundo. Él, el sumo y eterno sacerdote. Jesús no provenía de una familia sacerdotal, el venía de la línea profética y real, pero en la cruz se perfecciona como sumo sacerdote y quiere perpetuar su presencia en el tiempo y en el espacio por medio de los ministros que hagan sus veces y realicen en su memoria la Eucaristía.

¡Cuánta necesidad de la Eucaristía! ¡Cuánta necesidad de servidores que hagan las veces de Jesús, y hagan la Eucaristía para que el pueblo de Dios tenga vida y la tenga en abundancia!  Quiero dar gracias por todos los sacerdotes que diariamente, con fe y entrega, celebran para la gloria de Dios y el bien de su pueblo el santo sacrificio de la Misa.

5.- A su vez esto nos lleva a reavivar en nuestras comunidades una cultura vocacional de modo que el Señor nos mande todos los sacerdotes que se necesitan. Queremos dar gracias a Dios que nos envía vocaciones, pero como sabemos la mies es mucha y los operarios, pocos.

También quiero dar gracias a Dios por el Seminario, que este año cumple 80 años de vida formando los ministros del Señor, justamente para que la Eucaristía, el pan de la vida eterna se distribuya a todos. Es una gran ocasión para dar gracias a Dios y  rezar mucho por el Seminario, sus formadores, sus seminaristas e implorar al dueño de la mies que nos envíe abundantes y santos sacerdotes, con el deseo de que nuestra diócesis no le falten los necesarios y si es voluntad del Señor para ayudar a otras iglesias más necesitadas, pues siempre debe estar en nuestro horizonte la Iglesia toda y sus necesidades ya que es necesario que Cristo llegue a todos.

Le pedimos a la Virgen del Rosario, nuestra Madre y Patrona que con su intercesión crezcamos más cada día en la fe en la presencia real de Cristo en la Eucaristía, que nos embriaguemos de amor a ella y comuniquemos ese amor haciendo el bien a nuestros hermanos y que surjan abundantes y santas vocaciones al ministerio sacerdotal, todo para la mayor gloria de Dios. Amén

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