CURSO J.A.E.C.: “Educar para amar, amar para educar”

Comenzó en la ciudad de Rosario, el 21° Curso de Educación Católica, “Educar para amar, amar para educar”, organizado por la Junta Arquidiocesana de Educación Católica de la Arquidiócesis de Rosario.

La JAEC brindó un homenaje a la maestra rosarina elegida como una de las 50 mejores docentes del mundo por la  Fundación Varkey, que tiene sede en Londres, María Cristina Gómez.

Al acto inaugural asistió el Sr. Gobernador de la Provincia, Ing. Miguel Lifschitz, Mons. Eduardo Eliseo Martín, Arzobispo de Rosario y Presidente de la Comisión Episcopal de Educación Católica, Mons. Eduardo Mirás, Arzobispo emérito, el Pbro. Osvaldo Macerola, Vicario episcopal de Educación, el Ing. Walter Van Meegroot, presidente de J.A.E.C., demás autoridades de la Junta, directivos, docentes, sacerdotes, religiosos y religiosas y estudiantes avanzados de las carreras de profesorados.

 

El Vicario episcopal de educación, Pbro. Osvaldo Macerola, tuvo palabras de agradecimiento a los presentes, sobre todo a los docentes más jóvenes a quienes les dijo que “sentimos el deber de acompañarlos más y ofrecerles herramientas y capacitación conforme a lo que vive la sociedad actual” y reflexionó acerca de la apasionante misión educativa y de los temas que se van a tratar, relacionados con problemáticas actuales.

 

El Sr. Gobernador, recordó que no es la primera vez que participa del Encuentro: “lo hice como en varias oportunidades Intendente y hoy lo hago como Gobernador y celebro que se renueven los participantes, que haya caras jóvenes.

Eso habla del compromiso de las nuevas generaciones con la educación y la docencia, con la formación integral de nuestros niños y jóvenes. Hablar de educación en Argentina es hablar de futuro y en momentos de dificultades como los que estamos atravesando es bueno encontrar espacios para hablar de educación que, creo que todos vamos a coincidir, es la única herramienta que nos va a poder permitir superar los problemas y caminar hacia adelante”.

Mons. Eduardo Eliseo Martín, refiriéndose a la exhortación apostólica del Papa Francisco Gaudete et Exultate, reflexionó sobre la santidad preguntando “¿Qué es la figura del Santo? ¿Cómo se concibe al santo? A veces se piensa en alguien mirando al cielo, inalcanzable, alguien con las manos juntas, los ojos en blanco, y el cuello quebrado. Una figura quizás ridícula del santo”.

El Santo Padre escribe sobre “la santidad «de la puerta de al lado», de aquellos que viven cerca de nosotros y son un reflejo de la presencia de Dios, o, para usar otra expresión, «la clase media de la santidad”.

Por eso, el papa Francisco nos sorprende gratamente con esta exhortación apostólica sobre la santidad, prosiguió.

El Arzobispo preguntó: ¿Qué nos santifica? Nos santifica hacer la voluntad. ¿Qué es lo santo? Lo sagrado, lo puro. Pero esto va más allá. Ciertamente que Dios es el tres veces santo. Un estudio famoso de Rudolf Otto habla de lo santo, lo numinoso. Eso que está más allá de nosotros: el totalmente otro. Frente a la santidad nacen dos sentimientos en el corazón: el estremecimiento porque lo santo es tremendo pero por otro lado lo fascinante porque lo santo nos atrae, como le pasó a Moisés con la zarza, que le entra curiosidad y escucha una voz que le dice, “descansa, sacate las sandalias porque estás pisando suelo santo”.

Luego dijo que “con los límites que cada uno tiene, con las imperfecciones que uno tiene, cada uno está llamado a la santidad.

Así, las palabras del Evangelio de San Mateo, gaudete et exultate, alégrense y regocíjense, Jesús nos muestra el camino de la alegría y la felicidad. Por eso, la santidad la tenemos que identificar con la felicidad, aseguró.

Continuó diciendo que nosotros elegimos. Somos libres para muchas cosas. Pero no podemos no querer ser felices. Porque para eso estamos hechos, para la felicidad.

Luego agregó que una de las notas de la felicidad es la alegría. Por eso el Papa señala El santo es capaz de vivir con alegría y sentido del humor”.

Con los pies en la tierra, la santidad nos lleva a esa “alegría que se vive en comunión, que se comparte y se reparte”.

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