GUILLERMO BOLATTI

20170215_130259Mons. Guillermo Bolatti nació en  Vicuña Mackenna el 14 de julio de 1912.

Fue profesor Cursos de Cultura Católica.Ejerció como fiscal eclesiástico de la arquidiócesis de Buenos Aires.

El 2 de febrero de 1957, el papa Pío XII lo nombró obispo titular de Limata y auxiliar de Buenos Aires; fue consagrado por monseñor Fermín Lafitte, Arzobispo de Córdoba y co-consagrantes Mons. Antonio Rocca, Obispo auxiliar de Buenos Aires y Mons. Juan Francisco Vennera, Obispo auxiliar de Rosario, el 31 de marzo del mismo año.

El 11 de julio de 1961, el papa Juan XXIII lo nombró obispo de la diócesis de Rosario, cargo que asumió oficialmente el 23 de septiembre de ese año. Dos años más tarde, el 12 de agosto de 1963, la diócesis de Rosario fue elevada al rango de arquidiócesis, siendo Bolatti confirmado como arzobispo de la misma. La arquidiócesis se extiende por el sur de la provincia de Santa Fe y el extremo norte de la provincia de Buenos Aires, y desde ese mismo año tiene como diócesis sufragáneas a las de San Nicolás de los Arroyos y de Venado Tuerto.

Participó de las cuatro sesiones del Concilio Vaticano II, entre 1962 y 1965.3 Su discurso más destacado, del 23 de octubre de 1964, se refirió al comunismo, al que calificó como “un peligro muy grande”, y lo clasificó como una herejía, pidiendo que en los documentos conciliares se declarase al comunismo como “intrínsecamente contrario a la doctrina católica.”.

Falleció en la ciudad de Rosario el día 07 de agosto de 1892. Sus restos se encuentran en la Catedral metropolitana de Rosario.

El lema “In obsequium Christi” está tomado de la Segunda Carta a los Corintios: “Nam arma mi

Resultado de imagen para guillermo bolatti escudolitiæ nostræ non carnalia sunt, sed potentia Deo ad destructionem munitionum, consilia destruentes, et omnem altitudinem extollentem se adversus scientiam Dei, et in captivitatem redigentes omnem intellectum in obsequium Christi: “No, las armas de nuestro combate no son carnales, pero, por la fuerza de Dios, son suficientemente poderosas para derribar fortalezas. Por eso destruimos los sofismas  y toda clase de altanería que se levanta contra el conocimiento de Dios, y sometemos toda inteligencia humana para que obedezca a Cristo” (2 Cor 10, 4-5).

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