Homilía del Arzobispo: #PereRosSN

Mons. Eduardo Eliseo Martín, Arzobispo metropolitano de Rosario, presidió la Santa Misa en el Santuario mariano de “Ntra. Sra. del Rosario de San Nicolás” con ocasión de la 26° Peregrinación Rosario – San Nicolás que tuvo como lema este año “Con María, misionera de la caridad, llevemos a Cristo a los demás.”

Concelebraron con el, Mons. Héctor Cardelli, Obispo emérito de San Nicolás y sacerdotes del clero rosarino y nicoleño.

En su homilía, el Arzobispo expresó:

“Queridos peregrinos:

Bendito sea Dios.

Quiero dar gracias a Dios por todos ustedes que en este gesto de fe han mostrado su amor a la Virgen y a Jesús, un pueblo que peregrina con esperanza en medio de las dificultades del camino, de las dificultades de la vida.

Que lindo que hoy llegamos a los pies de la Virgen para aprender de ella a ser discípulos de Jesús: Ella es la perfecta discípula del Señor. Cuando el Ángel le anuncia que va a ser Madre del Salvador ella le dice ´Hágase en mí´ y ella se dispone totalmente a hacer la voluntad de Dios, a realizar en su vida la Palabra que Dios había pronunciado. La Virgen en ese ‘Hágase’ le dice a Dios, ‘Que se cumpla lo que pensaste para mi, que se cumpla’. 

Comienza allí un camino difícil pero bellísimo para la Virgen, con muchas dificultades: primero explicar a San José cómo podía estar sucediendo eso. San José también recibe la Palabra de Dios por medio del ángel.Y el camino sigue con otras dificultades, cuando tienen que huir a Egipto, cuando tienen que ser censados, cuando el Niño se pierde en el templo, cuando Jesús ya grande toma distancia. Siempre María está al lado de su Hijo.

Hay un momento cúlmine que es al pie de la cruz. Allí también María está ofreciendo la vida de su Hijo.

Por eso Jesús hoy nos dice en el Evangelio, ‘el que quiera ser mi discípulo que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga”. Nadie como María es ejemplo de estas palabras. Ella es grande porque se niega y sigue a Jesús. Por eso, es exaltada entre las criaturas, por su obediencia y fidelidad.

Nosotros, hoy vinimos a este Santuario de María del Rosario de San Nicolás junto a la imagen de nuestra Patrona la Virgen del Rosario porque queremos ser discípulos, discípulos de María y por lo tanto de Jesús, para obedecer en todas las circunstancias de nuestras vidas.

Jesús no nos pide mucho o poco. Nos pide todo. Y hoy ustedes han dejado y dado todo para venir hasta acá.

Por eso queremos ofrecer nuestras vidas: nuestros cuerpos, nuestras almas, nuestras alegrías, dificultades, nuestros anhelos, nuestras esperanzas. Todo. Poner todo en la mano del Señor por medio de la Virgen. Dar todo a Jesús y no anteponer nada a su amor.

Jesús nos pide esa renuncia a todo lo que poseemos, a todos los vínculos humanos y hasta a nosotros mismos. Nos lo pide porque Jesús es Dios. 

Dejándolo todo, recuperamos todo. Jesús nos lo dice: el que deja todo recibe cien veces más y después la vida eterna.

Por eso queridos hermanos y hermanas, damos gracias a Dios de poder estar aquí a los pies de la Madre para ofrecer nuestras vidas.

También pedimos, que al volver a nuestras casas, a nuestras Comunidades, al trabajo de cada día, a la lucha cotidiana en estos tiempos tan difíciles que podamos ser testigos de Jesús, que podamos ser misioneros que llevamos a Jesús, que podamos llevar la esperanza que bebemos aquí en el santuario, que llevemos la alegría que aquí tomamos de la Virgen para comunicarla a todos los que nos rodean.

Que lo hagamos con la prontitud de la Virgen, que seamos misioneros de la caridad que con nuestras obras inundemos del amor de Dios a todos nuestros hermanos.

Dejemos aquí nuestra vida con la certeza de que María la lleva  al Corazón de Su Hijo.

Tengamos la certeza de que en la Madre encontramos la protección que necesitamos en medio de las dificultades de la vida.

Continuemos alabando y bendiciendo al Señor y siendo misioneros del amor de Cristo. Amén.

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