Homilía del 5º domingo de Pascua, C

Como el jabón
Resumen:
Les doy un mandamiento nuevo: Ámense los unos a los otros como Yo los he amado. 
En esto todos reconocerán que son mis discípulos. Leer Juan 13, 31-33a. 34-35
1. Desde Moisés
En este domingo nos encontramos con un texto del evangelio que, su importancia es tan grande, que allí Jesús nos dice: “En esto van a reconocerlos a ustedes como que son mis discípulos”, o sea que aquí hay que prestar mucha atención, porque justamente, esto lo tenía el Pueblo de Israel desde sus orígenes, allá desde Moisés, desde haber recibido los mandamientos, esto del amor a Dios, del amor al hermano, sin embargo, y ahí es donde está el problema, a veces las “lecturas” que se hace de esto, y que todavía hace el Pueblo de Dios de Israel, son muy limitadas. Por ejemplo, en época de Jesús había muchos israelitas, que decían que el prójimo al que había que amar, eran nada más que los judíos, pero ya a los que pertenecían a otro pueblo ya era “otro cantar”. A esos se los podía odiar tranquilamente porque no eran del pueblo elegido. Jesús se encuentra con esto, también los fariseos que decían algo similar, que a los que había que amar era a los del grupo de ellos, a los que eran como ellos, que practicaban la ley, los demás eran ya parte de la “chusma”, esa “gentuza”. A esos ya no era necesario.
2. Nuevo paradigma
Jesús se encuentra con esta gente y a los propios discípulos les va a decir, bueno, el amor es “como yo los amé”, es decir, va a poner el nuevo “paradigma”, la nueva medida. Ahora no van a tener dudas de cómo es esto, “como yo los he amado”. Y en esto del amor de Jesús nos vamos a encontrar con un amor que es “Sin fronteras”, “sin límites”, cuál es el límite del amor en Jesús? Hasta dar la vida. Y en esto de del caminar detrás de Jesús y de ser sus discípulos, uno que va viendo y escuchando cosas, una de las cosas que a mí me llama más la atención es cómo nosotros ante el Evangelio decimos (y ante los santos y ante toda esta expresión fuerte de religiosidad, y especialmente ante Jesús), decimos no…! esto porque es Jesús, es él, nosotros no, nosotros no podemos hacer esto, entonces nos excusamos muy fácilmente, y casi como que decimos, bueno, entonces el Evangelio es una especie de “Utopía”, es irrealizable, esto es digamos como un espejismo, no es para nosotros esto. Entonces como si dijéramos: el Evangelio es un fracaso, si esto no se aplica, es inútil, para qué?
3. Verdadera espiritualidad
Entonces inventamos un montón de cosas, que de alguna manera van haciéndonos creer que somos buenos, entonces vienen todo lo que son expresiones religiosas, pero que en definitiva no terminan de transformar nuestro corazón, ahí es donde está el problema.
Entonces, cuál sería la verdadera espiritualidad? Le preguntan al maestro, “qué es la espiritualidad? Es aquello que logra transformar nuestro corazón”.
Si no, no hay espiritualidad. Si no es pérdida de tiempo. Si no transforma nuestro corazón, no hace “hombres nuevos”, no hace “discípulos de Jesús” realmente, “en esto conocerán que son mis discípulos”. Ahí.
4. El Jabón
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Es como el jabón, digo yo, uno puede tener los mejores jabones, perfumados, líquidos, en gel, que se yo todas las cosas que vienen ahora, pero si no se lava, de qué sirve eso? El jabón si no se aplica…, puedo tener una colección de jabones. El Evangelio, puedo tener de todas las ediciones, de todos los autores, de todas las traducciones que hay, pero de qué sirve si no está adentro, si no está en el corazón, me explico? A veces nos engañamos a nosotros, en esto de “porque es Jesús”, “dice eso porque es Jesús, el Hijo de Dios, entonces es para él eso”. Justamente, “En esto reconocerán que son mis discípulos” y en especial en tiempos de que por allí nos sentimos como que el mundo nos persigue, nos cuestiona. Y sí, porque hay muchos miembros de esto, que queremos ser discípulos de Jesús, que trabajan para el enemigo, no aman a sus hermanos, al contrario, le hacen mal a sus hermanos, no son discípulos de Jesús, claramente, Jesús lo dice. “Se reconocerán mis discípulos en cómo se aman”.
5. Mundo “contaminado de palabras”
Por eso necesitamos clarificar nuestra mente, que comprendamos que esta Palabra que estamos leyendo del Evangelio no es cualquier palabra, en un mundo inundado de palabras y “contaminado” de palabras. Tenemos que saber despejar lo que no sirve, quedarnos con lo que es lo de Dios, que eso sí es lo definitivo, eso sí forma parte del proyecto de Dios. Jesús es el Dios que nos comunica qué quiere?, cómo quiere que nosotros caminemos? qué es esto de la espiritualidad? qué es esto de la vida religiosa? Ahí, en el Maestro, Jesús, “Ámense los unos a los otros, como yo los he amado”; todo lo demás es “verso”, eh, todo lo que nosotros le queramos añadir a eso. Ya está todo dicho ahí. “En esto reconocerán que son mis discípulos”, en cómo se aman.
6. Conclusión
Yo quería pedir en esta celebración a Jesús, nos conceda tener un corazón capaz de amar, que de esa manera Dios está en nosotros, porque Dios es amor; es decir, cuanto más podemos amar al hermano, Dios más está en nosotros y más lo hemos dejado entrar en nuestra vida, como el jabón, cuanto más lo usamos más limpios. Lo de Dios, cuanto más está metido en nosotros, más podemos amar. Por eso la mirada hacia Jesús, es una mirada que busca la plenitud, la mirada que busca el Reino, la mirada que busca la vida plena, vida abundante que el Señor nos quiere traer y dar. Por eso no nos cerremos, no digamos “esto no puedo”, “esto porque es Jesús”, “esto los santos”, no es para mí. Despejemos todo eso porque nos tira en contra, neutralizamos el Evangelio, lo hacemos ineficaz, como cuando tenemos el jabón estacionado en la casa, en alguna cajita y allí queda. Lo neutralizamos. Muy bueno el jabón, pero si no se usa no sirve, nada, no lava, no purifica.
p. Juan José Gravet

One thought on “Homilía del 5º domingo de Pascua, C

  • 15 octubre, 2016 at 10:22 am
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    Qué hermosa homilía, en realidad sacude nuestra Fe y nos invita a replantearnos. Gracias !

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