Homilía 20º Domingo Ordinario A

Dios le habla a Jesús desde una mujer pagana

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Una mujer pagana va a cambiar la voluntad salvífica que Jesús tiene hacia las ovejas perdidas de su pueblo Israel hacia todos los hombres. Mateo 15, 21-28

1. Religiones Tribales

Hay un tema, que creo difícil de entender en nuestro tiempo, pero que es importante tocar, para entender lo que hizo Jesús en este Evangelio, lo que significa Jesús en la historia de la humanidad. En tiempo de Jesús las ideas religiosas eran ideas de los pueblos, es decir, cada pueblo tenía sus conceptos, su formación, su estilo, su cultura religiosa y no se compartía eso con otros pueblos. Cada pueblo tenía sus formas. Es más, muchas veces se entendía que cada pueblo tenía sus dioses y eso era bastante cerrado, o sea que solamente era para los que habían nacido en ese pueblo, eran de esa zona, no más allá. Las religiones eran algo como si dijésemos, pertenecientes a las tribus, es decir tribales. Nunca se había escuchado de alguien que hablara de algo universal.

 

2. En tierra extranjera

Y Jesús, fue creciendo también en ese contexto, en esa forma. Por eso Jesús, por ser hombre, justamente, no tenía todo claro. Fue creciendo, fue conociendo lo que era la propia cultura, lo que eran los otros pueblos, las costumbres de los israelitas y de los demás. Y aquí es donde nos encontramos con ese Jesús que sale de las fronteras de Israel, se va a una región – vemos en el texto de hoy – de Tiro y Sidón, era en la costa del mar. Era una región pagana, es decir que no era de Judía, no era de Israelitas.

 

3. Mujer Pagana

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Y allí, se entera una mujer, que Jesús llegó a su zona y esta mujer sale al encuentro del maestro. Esta mujer no era israelita, no comulgaba con las ideas del pueblo de Israel, tenía otra religión, otras costumbres, otra tradición. Esto es muy importante verlo, porque la idea que Jesús tenía, la que tenían todos los israelitas, y la que tenían todos los paganos era que su religión era la verdadera y la de los otros no. Y allí es donde esta la clave de este texto de hoy, porque la mujer le va a pedir a Jesús la sanación de su hija. Y Jesús le va a decir: Yo vine para los hijos de Israel.

 

4. Para todos

Y aquí es dónde la insistencia de la mujer hace que Jesús vea con claridad que este Reino que Él había empezado a anunciar, este plan de Dios, no es un plan que es solamente para las ovejas descarriadas del pueblo de Israel, sino para todos los hombres. Y aquí aparece esta idea, este concepto nuevo, que va a hacer una revolución en la vida de todos los pueblos. Porque que nosotros, hoy, argentinos, estemos aquí en el templo, escuchando la Palabra de Jesús de hace dos mil años, ya a nosotros nos parece normal, ya está, está claro. Bueno, en el tiempo de Jesús esto era impensable, no se podía comprender que alguien de otro pueblo aceptase lo de nuestro pueblo.

 

5. Culturas cerradas

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Como que las culturas eran algo cerrado, que nadie que no perteneciera a nuestra cultura podía unirse a nuestra fe. Hoy nosotros vamos a celebrar aquí, algunos bautismos. Esto es como decir: todos los hombres son hermanos, todos son hijos del mismo Dios y por lo tanto hermanos entre nosotros. Y va a haber, entre los que se van a bautizar, si profundizamos en nuestras raíces, de distintos orígenes. Unos provenientes de familias italianas, otros españolas, otros del norte de la Argentina, otros de países hermanos. Se van a acercar y van a decir, junto con sus padres y sus padrinos: “creemos en Dios”, “creemos en la Iglesia”. Esto es impensable hace 2000 años.

 

6. Todos los pueblos…

“Que todos los pueblos te den gracias, Señor”. Por eso digo, nosotros también hoy, tenemos que desconfiar de todo lo que nos hace así como cerrados. “Ah, nosotros somos de esta religión, entonces los demás son todos….!” Todo lo contrario que Jesús anuncia. Jesús abre la puerta a todos, la mesa del Señor incluye a todos los hombres. El bautismo está para todos. La mesa del Señor es abierta, lo dice el mismo Evangelio: Salió a buscar a todos para el gran banquete. Incluso a aquellos que el mundo desprecia. A los mendigos, a los que están en el mundo rechazados por los demás, a todos esos, llámenlos a mi mesa.

 

7. Desde una mujer pagana…

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Entonces, esta mujer, que era cananea, territorio enemigo, que era Siro-fenicia – nos dice el Evangelio de Marcos – le va a decir a Jesús: “aunque sean las migas que caen de la mesa de los que están llamados al banquete, necesitamos eso”. Esto es lo que conmueve a Jesús. La mujer no va a contradecir al Maestro, simplemente le va a decir: “aunque sea las migas”. Y Jesús allí entiende el mensaje. Dios mismo le está hablando a Jesús desde esta mujer. Esto es lo novedoso del Evangelio de hoy. Dios le habla a Jesús a través de una mujer.

 

8. Para todos

Y a partir de allí el mensaje de Jesús se hace para todos. El mensaje se universaliza. Viene no sólo para las ovejas descarriadas de Israel, sino para todos los hombres. Y allí nos incluye a nosotros. Y esta es la buena noticia para nosotros. Quería pedir en esta misa, que cada uno de nosotros que nos sentimos católicos, también pensemos que decir católicos es decir “universales”, quiere decir abierto a todos, a todos, como Jesús, como Dios. Y si nuestra idea es más bien cerrada, sospechemos de ella, porque no viene del Evangelio. El Evangelio abre las fronteras de la fe del Pueblo de Israel a todos los seres humanos. Y si somos Cristianos, nos reconocemos en Jesús tenemos que tener también esa misma mirada hacia los hermanos, hacia los demás, hacia los que son de otros pueblos, de otras culturas, de otras religiones y de otros pensares, porque son también mis hermanos.

p. Juan José Gravet

One thought on “Homilía 20º Domingo Ordinario A

  • 15 octubre, 2016 at 10:22 am
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    Qué hermosa homilía, en realidad sacude nuestra Fe y nos invita a replantearnos. Gracias !

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