Homilía 28º Domingo Ordinario A

¿Sabés la contraseña…?
En el banquete del Reino podemos entrar todos, pero hay que tener la contraseña, la sabés?

Mateo 22, 1-14

  1. Parábolas

Nos encontramos con una parábola y con unos textos en este día, que no son fáciles de captar, sobre todo algunos detalles, que, bueno, me gustaría ir desentrañando un poquito.

Lo primero de todo que tenemos que tener en cuenta es que Jesús en el Evangelio de hoy está hablando con aquellos que son las autoridades máximas, es decir, las autoridades religiosas de su tiempo, que eran los Sumos Sacerdotes y que constituían con los fariseos y con otros grupos, los dirigentes del pueblo. Con ellos está hablando en la ciudad de Jerusalén y en el templo, es decir en el corazón mismo del Pueblo de Israel. Y estas autoridades cuestionan a Jesús lo que dice y lo que hace. Con qué autoridad hace lo que hace y dice lo que dice. Entonces Jesús va a contestar este cuestionamiento de las autoridades con parábolas. Y les va a dejar tres parábolas, de las cuales ésta es la última.


  1. Ellos no quieren ir

Dice que el Reino se parece a un rey que celebra las bodas de su hijo. Entonces invita a la gente más importante de la zona, y sin embargo como que desprecian la invitación del rey. Dejan de lado esta invitación, para seguir haciendo sus cosas. Esta comparación, y este primer llamado a los que invitó, se refiere al pueblo de Israel. Es decir, el primer invitado a la fiesta de Dios, el pueblo elegido, sin embargo no responde al llamado del Rey, al llamado de Dios. Es decir, Dios no los excluye, ellos mismos se excluyen. No es que Dios los rechaza, ellos no quieren ir. Es toda una posición allí frente a las bodas del hijo, que es Jesús. Y han matado a los enviados. En la historia del Pueblo de Dios, los profetas (los enviados de Dios), han sido todos perseguidos, han sido torturados y muchos de ellos asesinados. Así la historia de Israel.


  1. El vestido de fiesta

Esta parábola la tenemos también el el Evangelio de Lucas. La podemos comparar como Mateo escribe nos vamos a dar cuenta que hay algunos detalles que no están. Y esto es justamente lo que queríamos ahora explicar. Esto que viene después, dice que cuando entra el Rey a la fiesta y se encuentra con uno que no estaba vestido acorde con lo que tenía que tener: el vestido de fiesta. (Esto es sólo de Mateo – No está en Lucas) Vamos a tratar de ver por qué esto es así. Fíjense cómo era el tema en tiempos de Mateo, cuando Mateo escribe. Estaban en tiempo de persecusión. Es decir, ser cristiano no era tan simple, sino que costaba muchas veces ser perseguido y riesgo de vida. Entonces las reuniones de los cristianos eran más bien clandestinas, eran reuniones así en secreto que se hacían en casas de familia, en el imperio romano porque las autoridades romanas perseguían a los cristianos. En especial en algunos momentos. En momentos que escribe Mateo, por ejemplo. Es decir, no había templos en este tiempo, así que se reunían en casas de familia y habrían las puertas para los cristianos que querían venir a las celebraciones, era compartir la mesa, compartir la Palabra. Bueno.


  1. Contraseña

Resulta que conocían a los cristianos de la zona, pero a veces venían cristianos de otras comunidades, porque estaban de paso o porque venían a visitarlos. Entonces cómo se sabía que estos eran realmente cristianos o eran enemigos, que venían ocultamente a ver para denunciarlos. Entonces había una clave. Este es el tema que está allí supuesto. Había una contraseña. Los cristianos que iban a otras comunidades y que eran recibidos para la celebración eucarística y para escuchar la Palabra y compartir la mesa tenían que saber la clave. ¿Cuál sería la clave? Este es un tema que nosotros hoy desconocemos pero que era muy simple. El cristiano tenía que saber el “Credo”. Si no sabía el Credo era enemigo. Así que había un momento en el que estaban en la casa, habían escuchado la Palabra, entonces había que recitar el Credo. El que sabía recitar el Credo era Cristiano, el que no sabía era enemigo. Esta como espía allí.


  1. El Bautismo

Entonces, quiénes eran los que sabían rezar el Credo? Los bautizados. Porque lo último que se les enseñaba a los catecúmenos, a la hora de hacer el bautismo era aprender el credo, el contenido de la fe. Lo que vamos a hacer ahora. Cuando nos pongamos de pie, rezaremos el Credo. Si no sabemos rezar el Credo, nos preguntamos, y éste de dónde es que no lo sabe? Tiene que saber el Credo. Qué creemos. Nuestra Fe. Y ésto, en tiempos de persecusión, era un tema clave. El bautismo. Por eso dice, fíjense el texto las palabras que emplea, dice: ¿Cómo entraste sin el traje de fiesta? ¿Qué sería el traje de fiesta? Es justamente estar revestido de Cristo, es decir, bautizado. Eso quiere decir. Sólo podía entrar el que está revestido de Cristo, el que se ha unido a Jesús, el que está en comunión con Él, porque de esa manera puede entrar a la fiesta, esté en el lugar que esté.


  1. Eucaristía

La celebración se haga donde se haga. Puede compartir con los hermanos. Es decir no hay reuniones que no sean abiertas de los cristianos. Tiene que estar abierta a todos, pero no a los que vienen a denunciar, a perseguir, a delatar a los cristianos. Porque éstos vienen a destruir. Entonces éste era el que no estaba con el traje de fiesta. A esto se refiere, simbólicamente la parábola que Mateo nos deja. Pero también esto, cómo Dios abre las puertas a todos. Dios quiere que todos entren a su banquete, que entren a formar parte de esta comida, que de alguna manera simboliza la Eucaristía, la mesa del altar (esto es una mesa, esto es un mantel), vamos a traer la comida en un momento más, simbolizada en el pan y el vino. Esto es un anticipo de lo que viene. Esto es como las primicias. Esto es como un signo de lo que viene, un signo así muy simple, muy pobre, muy pequeño, de lo que es el banquete del Reino al que todos estamos llamados.

  1. Los elegidos

Es más; no estamos llamados porque seamos buenos, ni porque seamos los mejores. Salió a los caminos y trajo lo que había por ahí. Somos nosotros. Así que no nos la creamos. Pero sí que las puertas están abiertas. Y que Dios sigue invitando a todos, por eso el banquete del Reino es una fiesta, una fiesta de bodas justamente para que todos los hombres puedan compartir el proyecto y el plan de Dios. Así que lo que sí necesitamos es estar unidos a Jesús, el bautismo, eso es la clave para esta fiesta, estar unidos al hijo, que celebra, justamente sus bodas.

p. Juan José Gravet

One thought on “Homilía 28º Domingo Ordinario A

  • 15 octubre, 2016 at 10:22 am
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    Qué hermosa homilía, en realidad sacude nuestra Fe y nos invita a replantearnos. Gracias !

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