Jornada Nacional de oración y reflexión contra la trata de personas.

«La trata de personas es un crimen contra la humanidad.  Debemos unir las fuerzas para liberar a las ví­ctimas y para detener este crimen cada vez más agresivo, que amenaza, además de las personas, los valores fundamentales de la sociedad y también la seguridad y la justicia internacionales, además de la economí­a, el tejido familiar y la vida social misma». (Papa Francisco, 12 diciembre 2013)

La Comisión Nacional de Justicia y Paz de la Conferencia Episcopal Argentina invita a todos, a sumarse junto a sus comunidades y amigos a la Jornada nacional de oración y reflexión contra la trata de personas el próximo domingo 18 de septiembre, fecha cercana al 23 de septiembre, donde se conmemora el Dí­a Internacional Contra la Explotación Sexual y el Tráfico de Mujeres, Niñas y Niños, dí­a de la promulgación de la Ley Palacios. Dicha ley fue la primera, a nivel mundial, en proteger a las ví­ctimas de trata y tráfico con fines de explotación sexual.

Rogamos a Jesucristo, rostro misericordioso del Padre, que allane el camino para liberar a las personas esclavizadas y  que cuide a los familiares de las ví­ctimas y a quienes luchan contra este flagelo. Pedimos también la decisión polí­tica de los funcionarios en todos sus niveles y el compromiso de cada ciudadano, para erradicar este mal en nuestro paí­s, para que cada habitante de nuestro suelo tenga vida digna y plena.

 

La Trata y Tráfico de Personas son  las formas de esclavitud del siglo XXI en cuanto se violan los principios de universalidad, inalienabilidad e indivisibilidad de los Derechos Humanos. Las personas afectadas mediante engaño, fuerza o amenazas, deben permanecer ocultas, también deben hacerse cargo de sus costos por las deudas que tienen con los traficantes, y en su vejez estas personas son liberadas a su propia suerte, sin ninguna protección. Puede decirse que esta situación afecta al mundo entero, en cuanto en el Informe Mundial sobre la Trata de Personas se señala que entre el 2010 y 2012 se detectaron ví­ctimas de 153 nacionalidades en 124 paí­ses. Según la Organización Internacional del Trabajo (ILO), casi 21 millones de personas son ví­ctimas del trabajo forzoso: 11,4 millones de mujeres y niñas, y 9,5 millones de hombres y niños, alrededor de 19 millones de ví­ctimas son explotadas por individuos o empresas privadas y más de 2 millones por el Estado o grupos rebeldes; de aquellos que son explotados por individuos o empresas, 4,5 millones son ví­ctimas de explotación sexual forzosa; el trabajo forzoso en la economí­a privada genera ganancias anuales ilegales; el trabajo doméstico, la agricultura, la construcción, la manufactura y el entretenimiento se encuentran entre los sectores más afectados y los trabajadores migrantes y los pueblos indí­genas son especialmente vulnerables al trabajo forzoso.

Por otra parte, para los traficantes y proxenetas, ésta llega a ser una de las actividades ilegales más lucrativas en el mundo, al generar un total de 32 mil millones de dólares al año. Llegando así­ a ser el tercer “negocio” ilí­cito más rentable después del tráfico de armas y la comercialización de estupefacientes.

La Iglesia Católica, mediante la labor de laicos y consagrados comprometidos,  congregaciones religiosas femeninas y masculinas, se ha acercado y  trabajado en distintas partes  del mundo, para prevenir la trata y  tráfico de seres humanos, sensibilizando, denunciando las causas y las redes de traficantes y explotadores,  luchando en favor de polí­ticas sociales contra la trata, acompañando y protegiendo a  las ví­ctimas y favoreciendo su reinserción social.

El Papa Francisco,  ha  prestado especial  atención a la cuestión de la trata de seres humanos como hecho delictivo que atenta contra la dignidad de la persona. Su preocupación se va  concretando en una serie de acciones e iniciativas por parte de los Dicasterios Vaticanos. En el mismo sentido el 8 de febrero de 2015 en ocasión de la conmemoración de Santa Josefina Bakhita, quien siendo niña fuera secuestrada en Sudán, vendida como esclava y trasladada a Italia;  el papa Francisco instó a los gobiernos a combatir las causas de la trata de personas e invitó a todos a reconocer que se trata de un fenómeno global que “excede la competencia de cualquier comunidad o paí­s, y que para eliminarlo necesitamos una movilización semejante en tamaño a la del propio fenómeno”.

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