La misericordia no se cierra, se sigue derramando sobre todos

20161113_200932El Arzobispo de Rosario, Mons. Eduardo Eliseo Martín presidió la Santa Misa en la cual se clausuró el Jubileo Extraordinario de la Misericordia. La misma se realizó en la Parroquia San Francisco Solano del Decanato Oeste de la ciudad de Rosario. Él lugar fue elegido ya que estaban de visita los guantes del Padre Pío por lo que numerosos enfermos se acercaron durante todo el día domingo a venerar las reliquias.

Concelebraron con él, el párroco Fray Luis Scozzina, el Rector del Seminario y pro Vicario general Pbro. Gustavo Rodríguez y algunos sacerdotes de la Arquidiócesis.

En a homilía el Arzobispo pidió a todos “dar gracias por el Año de la Misericordia y dar gracias a Dios por haber inspirado al Papa Francisco por haber convocado a toda la Iglesia a contemplar la misericordia de Dios y a experimentar su amor.

Ciertamente la misericordia no es desconocida para nosotros, lo escuchamos desde niños en la catequesis pero a veces las preocupaciones de la vida, el andar con tantas cosas el vivir acelerados nos hacen olvidar. Por eso un año de gracia, un año extraordinario para que podamos comprender un poco más, porque la misericordia de Dios es infinita y así volver a la misericordia de Dios. Por eso qué bueno que todo este año se haya puesto en nuestra mente y en nuestro corazón el amor de Dios porque todos estamos necesitados de la misericordia.

Por eso bendito sea Dios por este año extraordinario en el cual el Papa nos recordaba las obras de misericordia corporales y las obras de misericordia espirituales que al recordárnoslas nos ha puesto en movimiento y ha generado un gran río de vida en toda la Iglesia y el mundo porque todos, unos más, unos menos, conforme a la gracia recibida hemos respondido al llamado del Papa.

Pero, la misericordia no se cierra. El año extraordinario sí. La fuente de la misericordia, sigue derramando sobre todos nosotros el amor de Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo”.

Más adelante se refirió a las lecturas del Domingo 33º durante el Año:

“Jesús nos invita a la serenidad. Vamos a padecer, vamos a ser perseguidos, vamos a tener dificultades. Pero el Señor nos dice : ‘No teman’, nos invita a confiar en Él.

Los cristianos esperamos que Cristo venga, por eso decimos ¡VEN SEÑOR JESÚS! Por eso, en este tiempo qué tenemos que hacer: Jesús nos dice que seamos constantes, constantes en la fe, a no dejarnos llevar por esas voces que nos quieren apartar del camino de Dios. Por eso tenemos que pedir la gracia de la perseverancia todos los días. Jesús nos invita a depositar toda nuestra confianza, la de nuestra familia, de la de nuestra ciudad en Él.

También nos invita a que cumplamos con nuestras obligaciones cotidianas. Por eso San Pablo da una norma tan sabia ‘el que no quiera trabajar, que no coma’, para que todos ganemos el pan con el sudor de la frente. Es cierto que hoy hay muchos que quieren trabajar y no pueden y otros que son tratados indignamente. Estas son injusticias que claman al cielo. Pero a nosotros el Señor nos invita a tomar la vida, las cosas de cada día, donde uno se desempeña y hacer las cosas con responsabilidad. Constancia en el trabajo.

La otra constancia es seguir descubriendo las obras de la misericordia. Es la respuesta a Dios, poder manifestar a nuestros hermanos ese compromiso con la misericordia, especialmente a los más necesitados, a los más solos.

Por eso, tenemos tres compromisos: perseverar en la fe, perseverar en el trabajo diario y perseverar en las obras de la misericordia.

La Virgen María, nuestra Madre, interceda por nosotros”.

Luego de la comunión el Arzobispo invitó a dar gracias por los beneficios del Año jubilar diciendo:

“Hermanos y hermanas, demos gracias con alegría a Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, porque en este año de gracia nos ha bendecido con todas las bendiciones espirituales en los cielos en Cristo. A todos se nos ha ofrecido un tiempo precioso de misericordia y de conversión. Expresamos nuestra alegría y nuestro agradecimiento con las palabras de la Virgen María, Madre nuestra. Cantando la misericordia de Dios que se extiende de generación en generación, pidamos que siga difundiéndola en el mundo entero como el rocío de la mañana”

Posteriormente se cantó el Magníficat, se rezó una oración por los enfermos y el Mons. Eduardo Martín impartió la bendición con las reliquias de San Pío de Pietrelcina.

 

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