#ManosAlaObra2019: Homilía del Arzobispo

El Arzobispo de Rosario, Mons. Eduardo Martín, presidió la Santa Misa de clausura del Manos a la Obra 2019, proyecto solidario impulsado por la Pastoral Universitaria de Rosario.

Este año tuvo el lema: “Aprendamos a servir con alegría” y se llevó cabo en cuatro barrios de las localidades de Granadero Baigorria, Fray Luis Beltran y Capitán Bermudez. Los jóvenes han visitado a las familias durante el año, realizando tareas de relevamiento de las necesidades de cada lugar.

En su homilía Mons. Eduardo agradeció a los jóvenes lo “que han vivido ofreciéndose gratuitamente, es decir con gratuidad por amor al prójimo. No se olviden de esta experiencia, porque es la experiencia la que tiene que guiar nuestra vida, no las ideas que pueden ir y venir”.

Luego expresó:

“Dos palabras: servicio, camino.

¿Qué es lo que experimentamos? ¿Alegría? ¿Paz? ¿Regocijo? ¿Fraternidad? ¿Cuántas cosas frutos de esta experiencia!

Ustedes que están preparándose para ser profesionales tienen que concebir la profesión como un servicio a la sociedad, no como un medio para lucrar. También necesitarán dinero para vivir, pero no poner al dinero como el máximo sino al servicio, servicio al prójimo.

A la luz de la fe, a la luz de Dios, nosotros tenemos que preguntar al Señor ¿Qué querés de mi? Así como vos me hiciste, varón o mujer, con este temperamento, con esta historia particular, con esta familia, con estos talentos, con estas aptitudes, con esta inteligencia que Vos me diste: ¿Cómo yo puedo servir mejor al gran proyecto de tu Reino? Esa es la mirada que tenemos que tener, la de contribuir al Reino de Dios, de servir a Dios.

Nosotros generalmente hacemos al revés, proyectamos primero. Pero en el orden de la vida tenemos que preguntar a Dios ¿Este proyecto es de tu agrado? Entendiendo que el proyecto de Dios siempre es el más adecuado.

¿Cómo continuar el camino? Segunda palabra.

Cómo hacer que esta huella no se borre, se haga más honda, más firme.

La Palabra de Dios pone la centralidad en la Palabra. Vemos que el Pueblo de Israel cuando vuelve del exilio, de la esclavitud, están en la patria, no tiene el templo, pero tiene la Palabra, la Ley. Y se llenan de gozo, de alegría.

Jesús va a la Sinagoga a leer la Palabra y toma el texto de Isaías y lo lee. Esta palabra, esta escritura se cumple hoy, en Él.

Jesús es la Palabra de Dios hecha carne, entonces, aquí tenemos una guía para hoy y para adelante: la Palabra de Dios, porque necesitamos, queridos chicos y chicas, algunos puntos ciertos para caminar. Uno no puede caminar en el agua.

Vivimos tiempos líquidos pero necesitamos solidez. Nos lo dice el Evangelista: “Muchos han tratado de relatar ordenadamente los acontecimientos que se cumplieron entre nosotros,…yo también he decidido escribir para ti, excelentísimo Teófilo, un relato ordenado, a fin de que conozcas bien la solidez de las enseñanzas que has recibido”. Solidez de las enseñanzas…

Queridos jóvenes: vivimos en un mundo de muchas confusiones. Hoy parece que no hay verdad, donde todo es igual, nada es mejor. Tiempos líquidos. Entonces el Evangelio nos habla de solidez.

Sí escuchamos las ideas que pululan hoy con qué las confrontamos para tener una solidez, no rigidez, solidez…. En la Palabra de Dios.

Si ustedes meditan el Evangelio, hacen la Lectio Divina, como dice el Papa 4 renglones todos los días. Tener siempre esta Palabra de Dios que siempre es luz en nuestros pasos y lámpara en nuestro camino.

El Papa en Panamá nos habla de que la Palabra de Dios siempre nos va a dejar inquietos. Si queremos una vida que camine, que se mueva, que madure, que crezca vayamos a la Palabra de Dios.

Cuando tengamos dudas, cuando tengamos confusión, cuando escuchamos mensajes contradictorios,   vayamos a la Palabra de Dios. Esa va a ser luz del camino. La Palabra de Dios es perfecta, nos va a iluminar cuando estemos a oscuras, nos va a corregir cuando nos equivoquemos, nos va a consolar cuando estemos tristes o decaídos. Tenemos en la Palabra de Dios la guía y solidez que nos da horizonte a la vida.

Felicito a los sacerdotes y la la Pastoral Universitaria por esta obra tan extraordinaria.

Damos gracias al Señor por esta experiencia y pidamos que nuestra vida sea entendida como servicio y que tengamos como guía a la Palabra de Dios. Como la Virgen, seamos obedientes a Jesús. Amén”.

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