Peregrinación Rosario – San Lorenzo: Homilía del Arzobispo

Mons. Eduardo Eliseo Martín presidió en el Campo de la Gloria de la ciudad de San Lorenzo la Santa Misa con ocasión de la 42° Peregrinación Rosario – San Lorenzo.

Esta peregrinación que tiene como punto inicial la Iglesia Catedral Ntra. Sra. del Rosario, se realiza para pedir especialmente por las vocaciones sacerdotales, religiosas y consagradas y por el Seminario Arquidiocesano.

En su homilía, el Arzobispo expresó:

Queridos jóvenes, queridos hermanos:

¡Bendito sea Dios que nos ha regalado este día! ¡Bendito sea Dios por los jóvenes y adultos que han venido caminando junto a la Virgen para que ella nos regale, interceda por abundantes vocaciones!

Es hermoso el lema: “Seamos reflejos del sí de María”. 

Queridos jóvenes, la vida es en relación con Dios. La vida tiene una ley, tenemos que descubrirla y vivirla. Así como la lapicera tiene una ley, que es escribir, cada cosa tiene su ley, su realización, su cumplimiento.

La vida del ser humano tiene como ley amar, dar y darse por amor: esta es la ley, amor a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como así mismo. Solo así somos felices. Solo en este darnos y responder a Dios somos felices. 

Dios no nos lleva al cielo a los empujones, no nos lleva obligados. Dios nos ha hechos libres, como nos dice San Pablo en la lectura que escuchamos. Dios quiere que nosotros le digamos sí libremente, ´Si, yo quiero ser tu discípulo yo quiero ir al cielo, yo quiero seguirte, yo quiero seguir tus huellas, yo quiero ser como la Virgen´.

La Virgen cuando dijo que sí, fue más libre que nunca. Ahí dice sí al propósito de Dios, al plan que Dios tenía sobre ella. Algo distinto a lo que Ella hubiese imaginado. Sí le decimos que sí a Dios, Él nos da lo mejor aunque trastoque nuestros planes.

Providencialmente leímos este Evangelio: algunos quieren seguir a Jesús y algunos quieren cumplir algunas obligaciones naturales. Pero Jesús exige una decisión, una prontitud y una radicalidad en el seguimiento. Jesús caminaba a su destino en Jerusalén con decisión y eso es lo que nos pide, que miremos siempre adelante.

Queridos jóvenes, el tiempo de la juventud, es un tiempo especial para discernir la vocación. Todos los tiempos son para discernir, pero especialmente la juventud. Por eso no teman, primero en escuchar la voz de Dios y decir “Habla Señor que tu siervo escucha”. Habla Señor, quiero seguirte, hacer lo que vos digas”.

Otro punto fundamental es no tener miedo. No tener miedo. Cuando Dios nos llama no nos tiramos a un vacío sin red, nos tiramos en sus manos. Dios nunca defrauda, nunca falla. Dios siempre cumple. Por eso, con confianza nos abandonamos en sus manos con generosidad dejándolo todo. Dejándolo todo. Jesús no pide poco o mucho. Pide todo. Hay una radicalidad en la vocación, especialmente en la sacerdotal, virginal o consagrada.

Jesús vale la pena. Vale la pena servirlo para toda la vida.

A veces los jóvenes tienen miedo de asumir compromisos permanentes. No tengan miedo. Las cosas que valen, son las cosas que duran para siempre. El amor que vale es el amor para siempre. Las cosas efímeras, las cosas falsas, son las que duran poco, como los fuegos artificiales que son lindos, pero que quedan cenizas.

Una vida entregada al Señor es una vida cada vez más plena, cada vez más feliz. No sin sufrimiento, pero cada vez más feliz.

Recuerden al apóstol Pedro, que pregunta ¿Señor, lo dejamos todo, qué hay para nosotros? Jesús le dice, el que deja padre, madre, casa… y podemos decir, carrera profesional, trabajo, dinero, el que lo deja todo, tendrá acá en esta tierra cien veces más en hermanos, padres, casas y después la vida eterna. ¡Miren qué generoso es el Señor! Nunca Jesús nos deja con las manos vacías. El nos pide todo, pero nos devuelve cien veces más. Dios es inmensamente generoso.

No tengan miedo sí sienten la voz del Señor a una entrega radical, a una entrega profunda. Diciendo que sí a Jesús, la vida tiene sentido. Tenemos una misión en esta tierra. Como la Virgen María que dice que sí y sabe que tiene que cuidar a ese Niño, que tiene que cumplir una gran tarea para toda la humanidad.

Diciendo que sí a Dios, nuestra vida se convierte en una fascinante aventura, deja de ser algo aburrido, tedioso y vacío y se convierte en vida misionera para darnos a los demás.

Demos gracias al Señor y pidamos a la Virgen que interceda para que siempre haya en nuestra Iglesia abundantes y santas vocaciones de muchachos y chicas que quieran entregarse totalmente al Señor en la virginidad, la vida religiosa y el sacerdocio. Muchachos que quieran entregarse al sacerdocio para que al santo pueblo de Dios nunca le falte el perdón de los pecados y el pan de vida eterna y los sacramentos. 

Gracias por este gesto de caminar y sacrificarse. Dios los recompense. Sigamos caminando para la gloria de Dios y el bien de nuestros hermanos. Que la Virgen nos ampare. Amén.

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