Este sábado, el Papa León XIV recibió en el Palacio Apostólico a un centenar de jóvenes líderes internacionales que participaron del congreso «One Humanity, One Planet». Durante el encuentro, el Pontífice reflexionó sobre la esencia del servicio público y la necesidad de una ética política que priorice a los más vulnerables: “No habrá paz sin poner fin a la guerra que la humanidad libra contra sí misma cuando descarta a los débiles, cuando excluye a los pobres, cuando permanece indiferente ante los refugiados y los oprimidos”, expresó.
En ese marco, el Santo Padre recibió un banderín y una gorra de la Liga Comunitaria de Fútbol, obsequio entregado por su director Ariel Malvestitti, quien participó del encuentro y lleva adelante esta iniciativa. La Liga Comunitaria de Fútbol es un proyecto que busca construir, junto a diversas organizaciones sociales, civiles y religiosas, una red que promueva el derecho al deporte, la cultura, la salud y la inclusión de niños y niñas de los barrios más humildes. Forma parte de la Comunidad Padre Misericordioso, una asociación civil comprometida con la lucha contra las adicciones.
Un símbolo cargado de vida y compromiso
La gorra que el Papa recibió lleva tres logos: el de la Liga Comunitaria de Fútbol, el de la Comunidad Padre Misericordioso y el de la Familia Grande Hogares de Cristo. En ese simple objeto se condensan años de trabajo comunitario, de acompañamiento y esperanza. Miles de vidas se entrelazan en ese gesto: están las decenas de centros y espacios donde la Familia Grande Hogares de Cristo acompaña día a día, los más de 20 centros de la Comunidad Padre Misericordioso que “reciben la vida como viene”, y las nueve escuelitas de fútbol distribuidas en los barrios más necesitados de Rosario, donde 180 niños y niñas entrenan, juegan y sueñan con un futuro mejor.
Esta labor, sostenida por Ariel Malvestitti, el padre Axel y un gran grupo de voluntarios, no deja de crecer y multiplicar sus frutos. Cada encuentro de la Liga Comunitaria es una celebración del deporte como herramienta de inclusión y fraternidad.
Comunidad y esperanza
La Comunidad Padre Misericordioso está conformada por un grupo de personas unidas en una misión concreta: enfrentar el flagelo de las adicciones. Trabajan tanto en la prevención en la niñez como en el acompañamiento terapéutico y la reinserción social de quienes atraviesan problemas de consumo y no cuentan con los recursos necesarios para sostener un tratamiento de manera particular. En la ciudad y arquidiócesis de Rosario, su sede central se encuentra en la parroquia del Buen Pastor, ubicada en calle Laprida 2747, además de otros centros que acompañan a distintas comunidades.
También la Iglesia del Buen Pastor se hizo presente simbólicamente en este gesto con el Papa, al haber impulsado una campaña solidaria para la compra de kits de verano —una gorra y una botellita— destinados a los 440 niños de la Comunidad Padre Misericordioso. Una muestra más de cómo la comunidad rosarina responde con generosidad cada vez que se trata de acompañar a los más pequeños.
Antes de impartir su bendición, el Papa León XIV les dejó un mensaje profundo a los jóvenes reunidos:
“Sólo quien cuida de los más pequeños puede hacer cosas verdaderamente grandes”.