Inmaculada y Reapertura Buen Pastor: Homilía del Arzobispo

Mons. Eduardo Eliseo Martín, presidió la Santa Misa del inicio del AÑO MARIANO NACIONAL en la Iglesia del Buen Pastor que reabrió sus puertas para dar comienzo a las actividades litúrgicas, pastorales y caritativas. 

En la celebración, el Arzobispo administró el Sacramento del Bautismo, la Primera Comunión y la Confirmación a algunos niños, jóvenes y adultos.

Concelebró el Pbro. Fabián Belay, rector de la Iglesia y algunos sacerdotes del clero rosarino.

Finalizada la celebración de la Santa Misa, se realizó la bendición de la Capilla de adoración permanente al Santísimo, en la cual se podrá estar adorando y acompañando a Jesús Sacramentado las 24 horas del día, todos los días del año.

A continuación, compartimos la homilía de nuestro Arzobispo:

Queridos hermanos y hermanas:

¡Bendito sea Dios! Así comenzaba la segunda lectura de San Pablo a los cristianos de Éfeso. ¡Bendito sea Dios! 

En este día de la Inmaculada podemos decir que entra en juego todo el misterio del amor de Dios, el misterio de la inequidad y el triunfo, la victoria del amor de Dios sobre el pecado, sobre la muerte.

Bendito sea Dios porque existimos. No es obvio que existamos: a veces nos parece algo obvio que existamos que lo damos por descontado que las cosas y nosotros existamos. Existimos, existo porque Dios nos ama. En este instante Dios nos ama, Dios me ama. Por eso es infinitamente más grande existir que no existir, aunque está pasando por las horas más oscuras, dolorosas o difíciles de la vida. Siempre es más existir que no existir porque Dios nos ha creado para un propósito bueno, nos ha creado para la felicidad, para hacernos partícipes de su gloria, nos ha creado, como dice San Pablo, antes de la creación del mundo para que fuéramos santos e irreprochables en su presencia por el amor.

En la primera lectura, escuchamos las consecuencias del pecado y el misterio de la inequidad y el mal a través de la serpiente, símbolo del deminio, príncipe de la mentira, seductor, mentiroso, homicida. Le dice a la mujer ‘¿Así que Dios no los deja comer del árbol?’ y la mujer le dice ‘No, no. Podemos comer de todos menos de ese árbol’. Entonces la serpiente le dice: ‘Ah, sabés por qué no los deja comer de ese árbol, porque sí ustedes comen de ese, van a ser dioses ustedes’.

Y ahí el hombre, la mujer caen. Se dejan seducir. Agarran la carnada. Se van atrás de la carnada apetitosa. Pero atrás está el gancho, el anzuelo, que agarra y no suelta. Lastima. Y así la mujer, el hombre pierden todo lo que Dios les había dado por amor. Así entra el pecado y el mal.

Se pierde todo lo recibido: la inmortalidad, la integridad, la armonía interior, la armonía con la creación. Consecuencias del rechazo a Dios. Dios no castiga. El querer ser como dioses soberbiamente tiene consecuencias. El pecado tiene consecuencias. Pongo siempre este ejemplo: con este puño puedo romper un vidrio, pero no puedo pretender que la mano quede sana. 

Dios es tan grande en su amor que en ese instante de pecado ya promete la redención. Nos rescata y nos reúne en su amor. “Pondré enemistad entre vos y la mujer…” Dios estaba preparando a aquella mujer que iba a ser la Madre del Redentor. La tradición ve en esas líneas la esperanza de la redención. ¡Qué grande es el amor de Dios!

La Inmaculada Concepción de la Virgen María es la celebración del poder del amor de Dios. Dios preserva a la Madre del redentor. Lo que María es desde el primer momento de su existencia nosotros lo somos desde el Bautismo que comenzamos como nuevas creaturas siendo perdonados. 

Todo lo tenemos que ver en esta gran historia de la salvbaciòn. No somos seres arrojados en el mundo, somos hijos amados de Dios. Tanto nos ha amado que nos ha entregado a su Hijo a través del sí de la Virgen, la Purìsima. 

En este contexto de la historia del amor de Dios, que cada día estamos sumergidos a meternos, tenemos que mirar los distintos pasos de la historia: la historia del Buen Pastor es un tramo más, no es un eslabón perdido. Qué hermoso que podamos retomar esta historia que comenzaron las hermanas del Buen Pastor que durante tantos años sirvieron en la caridad a hermanos y hermanas necesitadas, especialmente mujeres, que vimos en la reapertura emocionadas.

Retomar esta historia a través de la Asociación Padre Misericordioso, esta corriente de caridad, de amor y de servicio es responder al amor de Dios por la obra del mismo Creador en su pueblo. Estamos felices y contentos por la obra del Señor y por la respuesta de su pueblo para que se manifieste aún más la gloria de Dios y que los hombres y mujeres al ver estas obras se acerquen más a Dios.

Por eso también en esta Misa, incorporaremos a algunos hermanos a esta gran historia del amor de Dios a través de los sacramentos de iniciación.

Por eso, queridos hermanos y hermanas, nuestro corazón no puede decir otra cosa que gracias, gracias Señor por el don inmenso de  tu amor, gracias Señor por esta comunidad que retoma sus actividades dándole nueva vida y respondiendo a las necesidades actuales de nuestra ciudad, de nuestra arquidiócesis frente a tanto dolor y sufrimiento, frente a tantos hermanos nuestros que padecen comienza esta historia del amor de Dios.

Y comienza, con lo más importante, con el centro de todo, con el misterio de nuestra fe que es la Eucaristía: adoración permanente como fuente y principio del perdón, reconciliación amor, misión. Que base sólida sobre la que se asienta esta historia.

Demos gracia a Dios por tantos y tantos beneficios de su amor que rodean nuestras vidas

Pidamos a la Virgen María que podamos dar gracias por tanto amor derramado sobre nosotros sin mérito alguno. Amén.

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