Fiesta de Corpus Christi 2022: Homilía del Arzobispo

Mons. Eduardo Eliseo Martín presidió la Santa Misa en la Parroquia Ntra. Sra. del Carmen de Rosario en la Solemnidad del Cuerpo y Sangre de Nuestro Señor Jesucristo. Estuvo acompañado de numerosos sacerdotes y diáconos del clero de la Arquidiócesis como así también de fieles laicos, grupos, asociaciones de la Iglesia de Rosario.

Luego de la misma, se inició la procesión por las calles de la ciudad de Rosario hasta el templo parroquial del Inmaculado Corazón de María.

A continuación su Homilía:

Queridos hermanos y hermanas:

Con gran alegría, celebramos este Corpus Christi. En primer lugar porque es una Fiesta de alegría, de alabanza al Señor de reconocer que Él está con nosotros. De diversas formas. Pero de un modo especialísimo se hace presente en el Santísimo Sacramento del Altar: su Cuerpo, su Sangre, su Alma y su Divinidad. Tenemos la certeza de que Él está con nosotros, entre nosotros, que nos ha asegurado esta presencia hasta el fin de los tiempos. Esta presencia que es una fuente de vida para nosotros, fuente de vida, fuente de paz. Jesucristo que se ha quedado en la humildad de un pedazo de pan, un poco de vino, que ya no son pan ni vino después de la consagración sino que son su Cuerpo y su Sangre. Por eso la Iglesia a medida que fue madurando el misterio de la fe desde ya hace varios siglos ya estableció esta Fiesta para que todo el pueblo se alegrara y pudiéramos salir públicamente a expresar nuestra fe con el Santísimo Sacramento por las calles de la ciudad.

También tenemos que tener en cuenta que nosotros somos Iglesia y la Iglesia es el cuerpo de Cristo. Por eso cuando salgamos por las calles tenemos que tener la conciencia de que somos el Cuerpo de Cristo, que somos la Iglesia y que hacemos manifestación pública de nuestra fe para decirle a todo el mundo que este es el Pan vivo bajado del Cielo, el pan partido para la vida del mundo, y esto tenemos que hacerlo con alegría, con el entusiasmo propio de la fe y la esperanza   de los que caminamos hacia la patria del Cielo.

Y nos alegramos más porque después de dos años lo hacemos con esta multitud que colma el templo Del Carmen. Por eso la alegría se acrecienta: día de júbilo, día de alegría, día de gozo.

En el texto del Evangelio,  hay varias cosas que podemos sacar para nuestras vidas como enseñanza.

En primer lugar Jesús quiere necesitar de nosotros, quiere necesitar de los discípulos: frente a esa multitud que estaba con hambre, la tarde cayendo, les dice “Dénle ustedes de comer”. Y qué podían hacer, tenían a penas cinco panes y dos peces. Jesús allí realiza el milagro con eso que los discípulos pusieron. Así también en nuestras vidas, queridos hermanos y hermanas, el Señor quiere multiplicar el bien, quiere multiplicar la entrega. La cosecha es abundante y el mundo está hambriento de Dios.

Nosotros, limitados, imperfectos por nuestras fallas, por nuestros pecados. Pero sin embargo el Señor quiere que pongamos todo lo que tengamos, lo poco que tengamos en sus manos para que el multiplique el Bien, para que Él sea el alimento de muchos y saciar a aquellos que no han experimentado su amor, que no han experimentado que el sacia todas las ansias y anhelos del corazón humano. El Señor necesita de nosotros.  

Por otra parte Dios colma sobremanera las expectativas sobremanera: dieron de comer a más de cinco mil hombres, se saciaron todos y sobraron doce canastas. Dios es generoso, Dios tiene sobreabundancia de amor y de bien cuando abrimos nuestro corazón.

Jesús es el pan vivo bajado del Cielo: “el que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna y yo lo resucitaré”. Este es el misterio que hoy celebramos, este es el misterio que hoy adoramos, este es el misterio que hoy queremos públicamente manifestar a todo el mundo.

Y un último pensamiento a partir de la primera lectura: Abraham y Melquisedec. La palabra Melquisedec quiere decir Rey de justicia y era rey Salem  y Salem quiere decir paz. Esta es la fuente de la paz y de la justicia: la Eucaristía. Jesús es Sumo Sacerdote del cual Melquisedec era figura profética, con su sacrificio en la cruz nos trae la justificación dándonos el perdón de nuestros pecados que nos da por puro amor, por pura compasión por todos nosotros.

También es el Sacrificio que nos da la paz. Danos la paz. Paz y justicia. Cuánto necesita nuestro mundo de la paz y de la justicia: justicia en la sociedad, justicia en las relaciones y paz en los corazones que van de la mano la una con la otra.

Por eso la Eucaristía es fuente de paz y justicia. Los cristianos al dejarnos transformar por la Eucaristía tenemos que convertirnos en instrumentos de paz y justicia para así nuestro mundo pueda ir siendo más humano, más vivible. Nuestra ciudad, nuestra región podamos vivir una fraternidad, una equidad, un mundo más humano, conforme al designio de Dios.

Por eso pidamos, que nos dejemos transformar por la Eucaristía para ser instrumentos de justicia y de paz y para que podamos alabar siempre al Señor con alegría y esperanza y para que Él llene siempre el hambre y la sed que tenemos y que como Iglesia podamos ser sacramento universal de salvación al cual el Señor nos ha convocado como su cuerpo y su pueblo santo en este mundo. Amén.

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