Homilía del 4º domingo de Pascua

Le tengo rabia al silencio

Resumen: 

El lenguaje propio del hombre es la Palabra, cuál es el lenguaje propio de la oveja?, 

más aún, cuál es el lenguaje propio de Dios? Leer Juan 10, 27-30

1. Domingo del Buen Pastor

Nos encontramos ya en el cuarto domingo de la Pascua, un domingo que en la tradición ya lo tenemos como el “domingo del Buen Pastor”, porque siempre se va a leer algún trozo del capítulo 10 de San Juan, que habla de este tema. Jesús dice de sí mismo: “Yo soy el Buen Pastor”. Y ahí está el tema que me parece muy importante meditar hoy, porque la comparación es simple: Él es el que nos conduce, es el pastor del rebaño, nosotros somos sus ovejas.

2. Nada me puede faltar

En realidad no somos tan como ovejas…, somos un poco menos dóciles que las ovejas! Somos medio “chúcaros” nosotros, pero la comparación es muy linda, justamente porque es una relación muy cercana, de aquellos que son parte del rebaño con el pastor, porque en esa relación se juegan la vida, las ovejas dependen totalmente del pastor; es un animalito muy frágil, solito; está a merced de cualquier fiera; en cambio, cuando está en el rebaño, cuando está con el pastor, ya cambia todo. Él está allí, cuidándolas, como dice el salmo: “El Señor es mi pastor, nada me puede faltar”; un poco así. Quería tomar como parte de la reflexión del texto de hoy, porque justamente el tema es el discípulo como tal, o sean las ovejas, entonces, la mirada ésta que dice al comienzo del texto: “Mis ovejas escuchan mi voz”. Entonces, tratar de entender cómo es esta relación entre el Pastor y la oveja. Y allí hay un tema que está claro, pero conviene meterse un poquito.

3. Lenguajes

El pastor éste, de la época de Jesús y de los tiempos del Maestro, hablaría, supongo en Arameo; por el lugar el lenguaje era ese. Y la oveja, en qué idioma habla? Ninguno, no habla, emite un gemido que nosotros decimos “bala”, “beeeeeeeee…!”, una cosa así, no?

Cómo le comunica la oveja al Pastor que tiene hambre, por ejemplo? No puede, el pastor es quien conoce, el que sabe cuando tienen hambre, cuando tienen sed, sabe que tiene que llevarlas a determinada hora a tal lugar, todo, sabe los lugares peligrosos, donde hay pasto, todo, todo, todo; dependen de él. Y la oveja sabe, conoce el timbre de su voz, la oveja conoce el silbido del pastor, la oveja conoce y sabe cuando el pastor está enojado, cuando dice: “es por aquí!”, “es por allá!”, va sabiendo, va conociéndolo. “Mis ovejas conocen mi voz”, “mis ovejas escuchan mi voz”. 

4. Escuchar y Oir

Ustedes saben que (el texto dice “escuchan”) no dice “oyen”; saben la diferencia entre escuchar y oir, o son sinónimos? Entre oir y escuchar hay una diferencia muy grande. Nosotros escuchamos a veces, oímos siempre; ¿qué quiere decir esto? Incluso oímos cuando estamos dormidos, ¿sabían ustedes…? Si hay algún ruido nos despertamos porque estamos oyendo pero no estábamos escuchando. Escuchar es algo más profundo, es comprender (o interpretar) lo que está comunicándose. A veces tenemos el televisor encendido, o la radio y no la estamos escuchando, la estamos oyendo, hay algo que hace ruido… Las ovejas prestan atención a la voz del pastor.

5. El Silencio

Ahora vamos a meternos en este tema que es más complicado. Veamos, nosotros los seres humanos hablamos; el lenguaje nuestro es el de las palabras, nos comunicamos con la palabra. ¿Cuál es el lenguaje, el idioma de Dios? ¿Cómo se comunica Dios? El lenguaje de Dios es el Silencio. Y allí es donde estamos “fritos”, ¿cómo hacemos? En tiempos de los apóstoles, de gente de campo, el tema del silencio es un tema no muy ajeno, en cambio en las ciudades, el silencio es complicado. En el centro de las ciudades peor. Automóviles, bocinas, gritos, los chicos, todo eso, ruido permanente. Y si no tenemos ruido exterior lo buscamos, prendemos la radio, o algo que haga ruido. 

6. Don Ata

Y en este sentido, hay una canción de Atahualpa Yupanqui, que a mí me llama mucho la atención, que dice así: “le tengo rabia al silencio”. Y nosotros, le escapamos al silencio. Y el silencio, es el lenguaje de Dios. Por eso, tenemos que hacernos hombres de silencio. La oración es un camino para encontrarnos con este Dios que nos habla en el silencio. Es su modo, su forma. Entonces allí, tenemos un desafío grande, porque primero tenemos que buscar la manera para poder estar en un momento que haya silencio exterior, y después, el de adentro, el nuestro, porque cuando hacemos un poco de silencio exterior, viene a nosotros nuestra cabecita que no para de dar vueltas y no logramos hacer silencio adentro, para escuchar su voz. Estamos diciendo que la comunicación entre Dios y nosotros, no es tan simple.

Hay dos manera de comunicarse, esta es la primera: el silencio. Entrar en el silencio, ese va a ser el gran desafío de la espiritualidad, aprender a meterse en el silencio. No tenerle miedo al silencio, es de Dios. No tenerle rabia al silencio, como decía don Atahualpa Yupanqui, sino meterse en el silencio de Dios.

7. La Palabra

Segunda parte. Nosotros nos comunicamos con la palabra. Entonces, la otra manera de comunicarnos con Dios, de escuchar esta voz es escuchando la Palabra de Dios. Hace un momento decíamos: “Esta es Palabra de Dios”. La Palabra. Hay un detalle, que no es menor, escuchamos en la Liturgia las lecturas (1º lectura, salmo, 2º lectura) sentados. Se leyó el Evangelio y ¿cómo lo escuchamos? De pie. Hay algo allí que cambió. Esta Palabra, si bien es Palabra de Dios, ya estamos diciendo algo distinto. Habla Jesús. Y Jesús no es cualquier palabra de Dios. Jesús es “La” Palabra de Dios. LA Palabra de Dios. Lo que Dios quiere decir al hombre se expresa allí, en Jesús. Jesús no es sólo mensajero de la Palabra, alguien que me trae un mensaje; él mismo es el mensaje. ¿Se entiende? Él es la Palabra de Dios. Vemos Juan capítulo 1, el comienzo del Evangelio, dice “Y la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros” (Jn 1,14). Y el primer versículo: “En el principio existía la Palabra, y la Palabra estaba con Dios, y la Palabra era Dios, estaba junto a Dios”; ésta Palabra, este Verbo, se hizo carne y habitó entre nosotros. Cómo se llama esa Palabra? Jesús. 

8. Palabra y Gestos

Es decir, vemos entonces el lenguaje entre la oveja y el Pastor. El Pastor no sólo habla con Palabras, porque la oveja no entiende mucho la palabra (del arameo, el lenguaje del pastor), pero sí capta los gestos, entonces hay que estar atentos a todos los gestos de Jesús, los signos, las miradas, las respuestas, la forma de caminar, de vivir, todo, como come Jesús, con quién come Jesús, todo esto es enseñanza, todo esto es Dios que nos está diciendo: “por acá…!”; cómo vive Jesús, su estilo de vida, no es simplemente el estilo de vida de alguien que vivió. Es Dios mismo que nos está diciendo: “es por aquí…”. Esta es la Palabra definitiva de Dios. Y todo lo anterior, todo el Antiguo Testamento va a ser una preparación a esta revelación, a este Dios que se comunica totalmente en Jesús a nosotros. 

9. El Padre y yo somos una sola cosa

Por eso dice al final del texto que leímos hoy: “El Padre y yo somos una sola cosa”. “Quien me ve a mí, ve al Padre”, dice Jesús. En uno de los encuentros con los discípulos, uno de ellos le dice a Jesús: “Maestro, muéstranos al Padre y eso nos basta” y Jesús le dice: “Felipe, hace tanto tiempo que estoy con ustedes y todavía no me conocen? Quien me ha visto, ha visto al Padre”. ¿Se entiende a dónde estamos caminando…? 

10. Resumiendo

Es decir, resumiendo, hay dos modos de comunicarse con Dios, uno es el silencio, entrando en su lenguaje, que es el que quizás más nos cuesta a nosotros que somos hombres del ruido, vivimos en el ruido, pero necesitamos ese silencio, necesitamos hacer silencio, no tengamos miedo de meternos ahí. Y el otro: la Palabra. Ésta Palabra, especialmente Jesús, él es la Palabra de Dios. Entonces, a partir de este encuentro con la Palabra y de este encuentro con Jesús, es cuando viene esto del Evangelio: “mis ovejas escuchan mi voz”. “Yo las conozco y ellas me siguen, yo les doy vida eterna, ellas no perecerán jamás, nadie las arrebatará de mis manos,…” etc. 

11. Conclusión

Se dan cuenta, entonces acercarnos a Jesús, no es acercarnos simplemente a un Maestro que enseña algo de espiritualidad, estamos acercándonos a Dios mismo, estamos acercándonos al Mensaje que Dios quiere darnos hoy a nosotros, en medio de lo que estamos viviendo, por eso me parece importantísimo hoy, que nosotros renovemos la Fe en Jesús, él es la Palabra de Dios, el es el Buen Pastor, el es el que ha venido a comunicarnos todo lo que el Padre quiere de nosotros.

p. Juan José Gravet

jjgravet@gmail.com

One thought on “Homilía del 4º domingo de Pascua

  • 15 octubre, 2016 at 10:22 am
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    Qué hermosa homilía, en realidad sacude nuestra Fe y nos invita a replantearnos. Gracias !

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