Homilía del 26º Domingo Ordinario

Parábola de los dos hermanos

Resumen:

El Reino de Dios puede ser muy distinto a lo que imaginamos, podemos estar 

más encaminados o menos y no estar dándonos cuenta. 

La Parábola de los dos hermanos nos invita a ver dónde estamos parados. Leer Mateo 21 28-32

1. Rechazo

Cuando escuchamos esta parábola, me parece muy importante entender qué está pasando por detrás, el contexto, el supuesto que hay aquí y que Mateo lo enuncia así muy claramente y puede pasar desapercibido.

a) Primer tema: Jesús, los Sumos Sacerdotes y los Ancianos

Es decir, estamos con los dirigentes religiosos más importantes del pueblo de Israel. Y Jesús se está enfrentando con las autoridades máximas en el tema religioso. Jesús está en Jerusalén. Ya no está más de camino hacia la capital, no está más en la Galilea, en el norte, sino que está allí mismo donde están las autoridades máximas a nivel religioso, que son los Sumos Sacerdotes y que son los Ancianos. Y allí nos encontramos con el primer conflicto: Es el rechazo de estas autoridades a la persona de Jesús. Las autoridades religiosas de su tiempo no supieron ver, no supieron descubrir. (Hay que ponerse en el lugar de esta gente porque este Jesús rompe todos los esquemas.) 

b) Los judaizantes

El segundo tema, que también es muy importante, y que está supuesto allí es el de las comunidades cristianas en tiempos de Mateo; comunidades que todavía seguían frecuentando las sinagogas, comunidades que se encontraban con los israelitas, con los judíos y que, cuando leían los libros, tenían interpretaciones totalmente distintas. Esto ocasionaba serios conflictos, porque los cristianos de origen judío pedían que los nuevos creyentes (de origen pagano) tuvieran todas las costumbres de los judíos, cumplieran con la “Ley”. Los cristianos de origen pagano tenían otra forma de ver. Entonces, todo esto cómo se compatibilizaba, y también de alguna manera, cómo la Ley golpeaba a los creyentes, a los nuevos cristianos y todo esto se desarrollaba de un modo no armónico, conflictivo, para entender esto. Esto está en el trasfondo de lo que están viviendo las comunidades cuando escribe Mateo.

c) Nuevo Pueblo de Dios

Un tercer tema, difícil de entender para nosotros, es cómo se entiende esto del Pueblo de Dios en el Antiguo Testamento, que es Israel y el nuevo Pueblo de Dios, que aparece ahora y que se va a llamar la Iglesia. Es decir, aquí hay dos realidades totalmente distintas: Israel-Pueblo de Dios y La Iglesia-Pueblo de Dios. Qué diferencia a una de la otra? Y estamos entonces ante este claro divisor de la aguas que va a ser Jesús. El es a quién hay que seguir ahora. Él es que va a decir “Este es el nuevo Pueblo de Dios”, mis ovejas. Este es el nuevo Pastor, el Buen Pastor. Es decir, aquí hay una novedad total en la Palabra y es que hay un nuevo Pueblo de Dios. Israel es el pasado. ¿Quiénes integran este nuevo Pueblo de Dios? Este es uno de los temas claves aquí, porque justamente dice: “…las prostitutas y los publicanos entran primero que ustedes”, les dice a las autoridades religiosas. Los que dicen “sí” a ser discípulos de este maestro que va llevando a su Pueblo, por donde él quiere. Él es el Buen Pastor. Lo del AT, Israel, va a derivar en un nuevo pueblo que va a ser la Iglesia, que van a ser los discípulos de Jesús, que van a ser los que siguen al Maestro

d) Hijos de Dios

Un cuarto tema, quizás el más actual, tiene que ver con la Iglesia actualmente, los cristianos y lo que es el mundo pagano. Es decir, los no creyentes, los ateos, los agnósticos, las distintas religiones, ¿cómo entran en esto del nuevo Pueblo de Dios? Así que estamos aquí con un cuarto conflicto: quiénes son los hijos de Dios?

e) Sí o no?

El quinto tema y más evidente, que uno cuando lee el texto entiende más o menos esto, es dónde está cada uno de nosotros parado en esta parábola. 

2. Praxis

Es decir, yo creo que le he dicho “sí” a Dios y, ¿…le estoy diciendo “sí” siempre? o estoy diciendo más “no” que “sí”? Cómo es mi vida en esto? O cuándo le estoy diciendo o cuando le dije “no” y en realidad estoy caminando de acuerdo a eso que me pide Jesús. Por eso digo que el tema que aparece allí es que lo que define al discípulo no es lo que él dice, su palabra, sino su obrar. La praxis. Lo real. El comportamiento. Lo que hace el discípulo día a día. Eso es lo que lo define. Si dice mucho: “no son los que dicen Señor, Señor, son los que van a entrar en el Reino de los Cielos”, lo que dice Jesús. 

3. Los “no” que dijimos

Entonces, si bien parece que habría otras alternativas, porque habla de dos hijos, pero también podría haber uno que diga sí y va; y también podía haber uno que diga no y no va. Serían otras alternativas humanas también. Yo pensaba esto: no tenemos que asustarnos de los “no”, que le podemos haber dicho a Dios, porque miremos la vida de la Iglesia, miremos la vida de los santos: Pedro, por ejemplo, Pedro varias veces va a decir no. Aparece varias veces en los Evangelios, es como evidente la negativa a comprometerse, a identificarse. Cómo los “no” de Pedro, terminaron siendo un “sí” muy fuerte. O los “no” de Pablo, que era perseguidor de los cristianos y termina siendo el gran Apóstol, el gran misionero que va a dar la vida por Jesús. Y en la historia de la Iglesia, otros tantos, por ejemplo San Agustín, con una vida bastante disoluta y que termina siendo un gran creyente, un gran hombre de fe, un gran teólogo. O el mismo San Francisco de Asís, con su vida anterior. O sea, los mismos santos también nos van mostrando que en algún momento de sus vidas hubo un “no” a Dios. Dios tuvo paciencia con ellos, como la tiene con nosotros, que pudimos haber dicho o dijimos en algún momento “no” y ahora, sin embargo, estamos diciendo que “sí”. Esperamos que nuestro “sí”, sea definitivo. 

4. Mantener la Fe

Dice San Pablo, con respecto a esto, me parece muy importante, al final de su vida: “He combatido el buen combate, he mantenido la Fe”. Eso tenemos que lograr, mantener la fe hasta el último de nuestros días. Que nuestro “sí” de hoy se mantenga. Que sea real, en actitudes, en la vida.

5. Cerrar puertas

Otra cosa que también me parece importante de la palabra de hoy, como tantas cosas que podríamos ir sacando, es que a los Sumos Sacerdotes y a los Ancianos, les dice: “las prostitutas y los publicanos van a llegar antes que ustedes al Reino”. Un detalle, no menos importante. Lo que sí, también les está diciendo es: “guarda, que a los que ustedes les han cerrado las puertas…Dios se las abre!” ¿A quién nosotros les cerramos las puertas? Porque Dios se las abre. Entonces, ¿cómo es nuestro corazón? ¿cómo son nuestras formas? ¿cómo son nuestros estilos de vida, incluso eclesialmente, institucionalmente? ¿Cómo tratamos al hermano y al que está aparentemente afuera? Porque Dios les abre las puertas. 

6. Conclusión

Es decir, cómo nos paramos en esta parábola? Me parece importantísimo, mirarnos con mucha serenidad. Mirar cómo Dios tiene paciencia con nosotros y con toda la humanidad. A toda la humanidad invita a decir este “sí” del camino de Jesús. Por eso no cerremos las puertas de nadie, ni tampoco miremos las nuestras con mucha seguridad, como que nuestro “sí” parece definitivo, para siempre, ya lo tenemos. Guarda! Porque la vida se nos va presentando de muchas maneras, “Tenemos que combatir el buen combate, tenemos que mantener la Fe siempre”. 

p. Juan José Gravet

One thought on “Homilía del 26º Domingo Ordinario

  • 15 octubre, 2016 at 10:22 am
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    Qué hermosa homilía, en realidad sacude nuestra Fe y nos invita a replantearnos. Gracias !

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