Invocación religiosa en el Aniversario de la muerte del General José de San Martín

17 de agosto de 2021

Recordamos ante Dios Nuestro Señor y en presencia de autoridades civiles, militares, ministros de diferentes credos presentes en la ciudad, ex combatientes de Malvinas, abanderados de las Escuelas… un nuevo aniversario del fallecimiento del General Don José de San Martín.

Quisiéramos   hacer presente ante todo la insistencia del General San Martín al Congreso de Tucumán para que declarara la Independencia. Él no podía llevar adelante su misión libertadora en el continente si no era en nombre de un país independiente y en el marco de la ley. Y a partir de 1816, bajo el amparo de la legalidad institucional, se concibió a sí mismo como instrumento en nombre de su país para ayudar a la libertad e independencia de pueblos hermanos.

Cómo no mencionar hoy el temple y grandeza del General San Martín para saber estar por encima de las divisiones y enfrentamientos que se sucedieron en nuestra Patria entre 1816 y 1853.

A pocos días de la beatificación de Fray Mamerto Esquiú, el orador de la Constitución, recordamos las palabras de este fraile al respecto el sermón del 9 de julio de 1853:

“¡República Argentina! ¡Noble patria! ¡cuarenta y tres años has gemido en el destierro; medio siglo te ha dominado tu eterno enemigo en sus dos fases de anarquía y despotismo! ¡qué de ruinas, qué de escombros ocupan tu sagrado suelo…!”

San Martín se negó rotundamente a desenvainar la espada para participar de los enfrentamientos entre sus conciudadanos, aunque ello le costara el exilio de su amada patria, y la muerte en el ostracismo del país al que había brindado generosamente sus talentos, su vida, su salud y todos sus esfuerzos.

Esta evocación del Libertador a la luz de las palabras del fraile franciscano citado, en su sermón constitucionalista, nos pueden alentar a la firme decisión de renunciar a provocar enfrentamientos entre los argentinos y a fomentar una cultura del encuentro a la que nos invita el Papa Francisco. Nuestra Patria afronta una de las mayores crisis de su historia y al reconocer frente a ella cuán grande es la responsabilidad de la dirigencia, queremos afirmar que alentar enfrentamientos, grieta mediante, puede ser útil en una coyuntura electoral como la presente, pero no para superar los graves problemas que nos afligen, lo que necesita del aporte de todos los sectores para confluir en un proyecto común que se exprese en políticas de estado.

Para honrar al Libertador hoy debiéramos decirle a la Patria de los argentinos las mismas palabras de Fray Esquiú el 9 de julio de 1853

“¡Todos tus hijos te consagramos nuestros sudores, y nuestras manos no descansarán, hasta que te veamos en posesión de tus derechos, rebosando orden, vida y prosperidad! Regaremos, cultivaremos el árbol sagrado, hasta su entero desarrollo; y entonces, sentados a su sombra, comeremos sus frutos. Los hombres, las cosas, el tiempo, todo es de la patria”.

 Pero para que esto sea posible ¡cuánta necesidad tenemos, de una vez por todas, de adecuarnos al cumplimiento y al respeto de la Constitución y de la ley ante la cual todos los ciudadanos han de ser iguales, y vuelvo al sermón del fraile catamarqueño:

“Obedeced, señores, sin sumisión no hay ley, sin leyes no hay patria, no hay verdadera libertad: existen sólo pasiones, desorden,  anarquía,  disolución, guerra y males de que Dios libre eternamente  a la República Argentina: y concediéndonos vivir en paz, y en orden sobre la tierra, nos dé a todos  gozar en el Cielo de la Bienaventuranza en el Padre, en el Hijo y en el Espíritu Santo, por quien  y para quien viven todas las cosas”.

Recordemos también, antes de rogar por el eterno descanso de su alma, unas pocas palabras del Gran Capitán:

  • “Antes sacrificaría mi existencia que echar una mancha sobre mi vida pública que se pudiera interpretar por ambición”.
  • “Mis necesidades están más que suficientemente atendidas con la mitad del sueldo que gozo”.
  • “Hace tiempo que no me pertenezco a mí mismo, sino a la causa del continente americano”.

 “Que en el nombre de Dios Todopoderoso”, como comienza el testamento del Libertador, nosotros realicemos en nuestro tiempo su legado para con nuestra Patria argentina.

Oremos por el eterno descanso del alma del General Don José de San Martín:

Dale Señor el descanso eterno y brille para él la luz que no tiene fin

Que por la misericordia de Dios el alma del General San Martín y las almas de todos los fieles difuntos descansen en paz. Amén

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